viernes, 9 de marzo de 2007

El hombre que llegó a pesar 540 kilos abandona el cuarto en el que ha estado los últimos 5 años


El mexicano Manuel Uribe, un hombre que llegó a pesar más de 540 kilos, ha abandonado el cuarto en el que ha estado postrado durante los últimos cinco años, tras adelgazar 200 kilos, y lo ha celebrado con música de mariachis y champán.
Uribe, de 41 años y residente en la ciudad mexicana de Monterrey, capital del estado norteño de Nuevo León, es considerado un caso anormal para la ciencia médica, ya que, a pesar de padecer obesidad mórbida, tiene un buen estado de salud, con niveles casi normales de colesterol y de azúcar en la sangre.

La pasada tarde en México, su cama fue montada sobre un remolque y, con la ayuda de un montacargas, Uribe pudo abandonar su vivienda y realizar un paseo por las calles de su barrio.
Manuel, que vive en el municipio de San Nicolás de los Garza, celebró el acontecimiento con sus médicos de cabecera, sus familiares y su novia, brindando con champán y al son de las notas de una banda de mariachis.

En la cama había una manta que rezaba: "Si yo puedo, tu también puedes".

En el último año, Uribe ha perdido 205 kilogramos, según informó Yolanda Valdés, portavoz de la Secretaría de Salud del estado de Nuevo León.

"Estoy perdiendo peso cada día. Mi sueño es volver a ponerme de pie y caminar", afirmó el Uribe a los periodistas.

Además, comentó que le "está echando muchas ganas" y cumpliendo rigurosamente la dieta que le impusieron los médicos.

Manuel es asesorado por doctores mexicanos, italianos y españoles, para perder más de 350 kilos.

El mexicano anunció también que ha creado la Fundación Manuel Uribe para apoyar a otras personas que padecen su enfermedad.

"Tenemos que enseñar a la gente a alimentarse, porque en ocasiones hasta perdemos la vida por no saber", dijo.

Estrella mediática

La buena salud de la que goza Manuel a pesar de su peso, le ha permitido algunas excentricidades.

Una de ellas, la creación de una página web que actualmente está buscando una nueva reubicación porque no era capaz de soportar las numerosas visitas que recibía.
Uribe se toma la vida con humor, y trata de sonreír en todas las fotografías.

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